¿Se acuerda usted, Doña Librada, de aquel Jerónimo Ansúrez, que llegó acá de la parte de Sacedón hará diez o más años, tomó en renta las tierras de los Garcías del Amo en Alpedroches, y unas veces por poca suerte y asolación de sequías y pedriscos, otras por mal arreglo, vino a la ruina, y anduvo en justicia, los hijos se le desmandaron, y uno de ellos dio muerte al molinero de Palmaces?
-¡Ah! sí, ya me acuerdo... ¡Ansúrez! Llamábanle el alforjero, que este es el mote que aquí damos a los de Alpedroches... Ya recuerdo... Y el hombre tenía lo que llaman ilustración, o un atisbo de ella. Se expresaba con donaire y daba gusto oírlo.
-Como que lo criaron los benedictinos de Lupiana, y hasta su poco de latín burdo sabía. ¿Recuerda la señora que tuvimos que echar un guante los pudientes para reunirle con qué salir de aquí? Pues esta calamidad de familia fue a caer en el Burgo de Osma, donde no tuvo más suerte o mejor conducta que en Atienza. Uno de los hijos mató a un sanguijuelero, y otro descalabró al alcalde de Quintanas Rubias.
Echados del Burgo, se perdieron de vista por algún tiempo. Dispersáronse los hijos como para asolar toda la tierra: uno de ellos dicen que se mutiló el dedo índice para esquivar el servicio del Rey; volvieron algunos junto al padre... Por fin, según entiendo, después de vagar en tierras de Soria y de Teruel, o pidiendo limosna, o quizás tomándola antes que se la den, han recalado por aquí.
Narváez. Benito Pérez Galdós
(fotos de la Internet)